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AgTech tiene un problema de marketing. Vende tecnología antes de vender adopción

AgTech tiene un problema de marketing.

AgTech tiene un problema de marketing.

Cuando una solución introduce una nueva manera de trabajar, marketing agtech tiene una responsabilidad mucho mayor que comunicar prestaciones o generar demanda. Necesita demostrar por qué vale la pena cambiar, reducir el riesgo percibido y convertir una innovación técnicamente válida en una propuesta que el mercado pueda incorporar.

El discurso AgTech se apoyó durante años en la capacidad de hacer más con menos: trabajar con mayor precisión, aprovechar mejor los datos, automatizar tareas, reducir insumos y sumar inteligencia a decisiones que antes dependían en gran medida de la experiencia.

Las tecnologías evolucionaron. También lo hicieron sus prestaciones. Sin embargo, muchas empresas siguen explicando con enorme detalle lo que su solución hace y bastante menos cómo se incorpora a la operación real del cliente.

Es donde aparece un problema de marketing.

Porque quien evalúa una AgTech no analiza únicamente sus capacidades. Intenta saber qué tendrá que modificar para utilizarla, quién se hará responsable, cuánto esfuerzo requerirá ponerla en marcha, qué pasará si surge una incidencia y en qué momento empezará a recuperar la inversión.

Cuando marketing ignora estas preguntas, corre el riesgo de construir una propuesta técnicamente convincente y comercialmente incompleta.

Marketing Agtech. Antes de convencer, hay que entender qué frena la decisión

He escuchado muchas veces atribuir la lentitud de adopción a la resistencia del productor frente al cambio. La explicación me parece insuficiente.

La encuesta global de McKinsey realizada a unos 4.400 productores de nueve países encontró predisposición a incorporar equipamiento y nuevas tecnologías cuando existe una expectativa concreta de mejorar productividad o rentabilidad. Entre las barreras aparecen el retorno incierto, los costes de implementación y mantenimiento y, en determinados casos, una escala insuficiente para justificar la inversión.

La U.S. Government Accountability Office ha identificado además dificultades vinculadas con interoperabilidad, coste inicial y gestión de los datos en agricultura de precisión.

El cuadro es bastante más complejo que el de un productor que simplemente se niega a innovar. Puede existir interés y, al mismo tiempo, demasiado riesgo percibido.

Para marketing, la diferencia importa. Si interpretamos el problema como resistencia, tenderemos a insistir sobre beneficios. Cuando entendemos que el cliente está evaluando riesgo, la tarea cambia, hay que generar evidencia, explicar mejor la implementación y demostrar qué ocurre después de la compra.

El verdadero competidor puede ser seguir haciendo lo mismo

Las AgTech suelen observar con atención a otras startups y soluciones equivalentes. Comparan funciones, precios, precisión, algoritmos y prestaciones.

El cliente puede estar haciendo una comparación completamente distinta.

Para un software de gestión, el rival quizás sea una planilla que lleva años funcionando. Un robot puede competir contra una cuadrilla, un apero convencional o una labor tercerizada. Una herramienta de soporte a decisiones puede enfrentarse a la experiencia del asesor que acompaña al establecimiento desde hace veinte campañas.

La alternativa actual puede tener limitaciones, pero cuenta con una ventaja difícil de superar, ya está incorporada. No requiere onboarding, integración, capacitación ni aprendizaje. El usuario conoce sus costes y sabe cómo reaccionar ante los problemas.

Esto cambia el trabajo de marketing. Antes de demostrar por qué nuestra tecnología es mejor que la del competidor, muchas veces hay que explicar por qué tiene sentido cambiar el sistema actual.

Parece una diferencia menor, pero afecta al mensaje, a la demostración, al contenido comercial y hasta la segmentación. Una empresa puede invertir recursos comparándose con otras marcas mientras el mercado todavía no encuentra razones suficientes para abandonar la forma en que viene resolviendo el problema.

El mercado potencial no siempre es el mercado adoptable

Otro error frecuente consiste en dimensionar una oportunidad únicamente con variables productivas.

Cantidad de hectáreas, número de explotaciones, cultivos, parque de maquinaria o tamaño económico permiten estimar un mercado potencial. Pero dicen poco sobre la predisposición real de cada cliente para incorporar una tecnología.

Dos establecimientos con la misma superficie pueden tener condiciones completamente diferentes para adoptar un robot.

En uno, la disponibilidad de mano de obra puede haberse convertido en un problema crítico. El otro todavía resuelve la tarea con una estructura estable y competitiva. Uno dispone de personal técnico, conectividad y capacidad para incorporar nuevos procesos; el otro necesitará depender del proveedor para casi cualquier incidencia.

Desde marketing AgTech necesitamos empezar a pensar también en adoptabilidad.

La gravedad del problema que resolvemos, el coste del sistema actual, la capacidad interna, la infraestructura disponible, la escala, el acceso a soporte y el esfuerzo necesario para modificar la operación deberían formar parte de la segmentación.

De lo contrario, podemos generar muchos leads dentro del mercado técnicamente posible y muy pocos dentro del mercado comercialmente preparado. En tecnologías de adopción compleja, identificar al cliente correcto puede ser más determinante que ampliar el alcance de una campaña.

El ROI necesita incluir el coste del cambio

Las empresas tecnológicas han aprendido a hablar de retorno. Ahorro de insumos, reducción de horas de trabajo, mayor productividad, menor consumo energético o más hectáreas cubiertas son argumentos habituales.

El cálculo se debilita cuando contempla el beneficio de la tecnología, pero deja fuera el esfuerzo necesario para obtenerlo.

Ese esfuerzo también tiene valor económico. Para marketing significa que un caso de éxito debería mostrar mucho más que un porcentaje de ahorro.

¿En qué condiciones se consiguió? ¿Cuánto tiempo demandó la implementación? ¿Qué estructura necesitó el cliente? ¿Cuándo comenzó a obtener resultados? ¿Qué costes adicionales aparecieron?

Cuanto más innovadora sea la propuesta, mayor debería ser la calidad de la evidencia que acompaña la promesa. Decir que una tecnología “reduce hasta un 70 %” puede llamar la atención. Explicar dónde, contra qué sistema, durante cuánto tiempo y con qué condiciones genera confianza.

Ese paso de la promesa a la evidencia debería ocupar un lugar central en el marketing AgTech.

Una demo de robótica debería reducir incertidumbre

La robótica agrícola permite ver con mucha claridad esta diferencia. Un robot moviéndose solo, identificando malezas o ejecutando una labor con precisión tiene un enorme poder visual. Genera videos, conversación y atención en una exposición o jornada de campo.

Pero una demostración orientada únicamente a impresionar puede dejar sin responder las preguntas que determinan la compra.

¿Cuántas hectáreas trabaja realmente por jornada? ¿Qué disponibilidad consigue durante una campaña? ¿Cuánto tiempo permanece detenido? ¿Cómo responde ante polvo, barro, pendientes o variabilidad del lote? ¿Qué supervisión requiere? ¿Quién se ocupa del mantenimiento? ¿Qué sucede cuando una avería coincide con una ventana agronómica estrecha?

Como consultor en robótica agrícola, me interesa especialmente la distancia entre capacidad técnica y capacidad operativa.

Un robot puede ser extraordinario desde la ingeniería y poco competitivo por hectárea. Otro, con menor sofisticación tecnológica, puede encontrar antes un lugar en el mercado porque resuelve una tarea concreta, se integra con facilidad y necesita menos intervención.

Por eso, el marketing de robótica debería avanzar desde la demostración de capacidad hacia la demostración de operaciónLa mejor demo no necesariamente es la que consigue más teléfonos grabando sino la que termina con menos dudas relevantes para la decisión de compra.

El piloto debe validar algo más que la tecnología

Algo parecido ocurre con los pilotos. Durante las primeras pruebas suele existir una presencia extraordinaria del proveedor: técnicos disponibles, seguimiento continuo, reuniones y respuesta inmediata frente a cualquier dificultad.

La experiencia funciona y el piloto se considera exitoso. El problema aparece cuando esa solución tiene que pasar a la normalidad.

Si cada cliente necesita la misma intensidad de acompañamiento para obtener resultados, la empresa todavía tiene un desafío comercial importante. Puede haber validado técnicamente el producto sin haber demostrado que su adopción sea repetible. Este punto tiene una consecuencia directa sobre el marketing.

Los casos de éxito no deberían construirse únicamente alrededor del resultado obtenido durante el piloto. También interesa conocer qué ocurrió después: frecuencia de uso, autonomía del cliente, soporte necesario, continuidad y expansión hacia otros lotes, campañas o establecimientos.

La escalabilidad comercial empieza a aparecer cuando el valor se repite sin que cada incorporación tenga que convertirse en un proyecto artesanal.

En AgTech, marketing debería entrar antes

Cuando marketing llega con el producto terminado, recibe una tarea bastante limitada, encontrar la manera de explicarlo y generar demanda. En AgTech y robótica eso suele ser demasiado tarde.

Marketing debería participar en la comprensión del problema, en la definición del cliente adoptable, en la construcción de la propuesta de valor y en la identificación de las fricciones que dificultarán la incorporación. También necesita trabajar cerca de producto, ventas y soporte.

Las objeciones de una demo, las causas por las que un piloto no continúa, las funcionalidades que casi nadie utiliza o las incidencias que generan abandono contienen información de marketing. Ayudan a entender qué valora el mercado y dónde la propuesta pierde fuerza.

Esa lectura también puede afectar al modelo comercial.

Una tecnología difícil de justificar mediante una inversión inicial quizá encuentre menor fricción mediante alquiler, pago por hectárea, suscripción o prestación de servicio. En robótica, ofrecer capacidad de trabajo en lugar de vender directamente el activo puede cambiar radicalmente la barrera de entrada para determinados segmentos.

No siempre se resuelve una dificultad comercial cambiando el mensaje. A veces hay que revisar la oferta.

Tampoco existe un único “productor” al que convencer

Otra simplificación habitual del marketing AgTech es pensar la decisión alrededor de una sola persona.

En la práctica, una solución puede ser comprada por el propietario, evaluada por un responsable técnico, utilizada por un operario y mantenida por alguien distinto. Un asesor externo puede recomendarla y un encargado puede bloquear su utilización si considera que complica el trabajo cotidiano. Cada uno observa un valor diferente.

La dirección puede mirar retorno y riesgo financiero. El responsable agronómico evaluará precisión y resultados. Quien utiliza la herramienta estará mucho más preocupado por facilidad de uso, tiempo y confiabilidad.

Una propuesta que convence al comprador económico puede fracasar en manos del usuario. Marketing necesita reconocer ese sistema de decisión y construir evidencias para cada actor relevante. En productos complejos, la adopción también depende de quien nunca firma la orden de compra.

Marketing AgTech tiene que vender una incorporación posible

El contexto del ecosistema está empujando en esta dirección. Después de años en los que la sofisticación tecnológica y las expectativas de crecimiento consiguieron atraer capital con relativa facilidad, hoy comercialización, economía unitaria, adopción y capacidad de escala ocupan un lugar mucho más importante en la evaluación de una empresa AgTech.

Ese cambio obliga a revisar también cómo entendemos marketing. Generar notoriedad, producir contenido, conseguir leads y comunicar funcionalidades sigue siendo necesario. Pero resulta insuficiente cuando el producto exige modificar la forma de trabajar del cliente.

Marketing tiene que comprender cuánto cambio estamos pidiendo, dónde aparece el riesgo, qué evidencia reduce esa incertidumbre y qué modelo permite que la primera experiencia resulte económicamente razonable.

En robótica agrícola, además, deberá traducir autonomía, visión artificial o inteligencia en variables que el productor pueda incorporar a una decisión: hectáreas efectivas, coste de labor, disponibilidad, soporte y capacidad para resolver un problema operativo concreto.

El criterio es simple, si una AgTech necesita demasiada explicación, soporte o adaptación para que el cliente obtenga valor, el problema no está solo en ventas. También está en cómo se diseñó su salida al mercado.

Autor: Ing. Agr. Mariano Larrazabal
Consultor en AgTech, robótica agrícola, transformación digital y agromarketing.

 

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